EL ESTADO REVOLUCIONARIO,
SU FUNCION TRANSITORIA
Y
J. Posadas
28 – 29 de setiembre 1969
La definición del Estado dada por Marx, Engels,
Lenin y Trotsky es que hay Estado
capitalista o Estado obrero. No hay otra forma de Estado. Pero, de acuerdo con
el proceso mundial de la revolución, el desenvolvimiento de la revolución va
avanzando y va a avanzar en algunos países en esta etapa de la historia creando
condiciones de dualidad de poderes tanto mundiales como locales. Manteniendo la
naturaleza del Estado como Estado capitalista, algunos Estados, aún siendo de
naturaleza capitalista, teniendo gobiernos con intereses capitalistas, deben
tomar medidas, formas de propiedad, de funcionamiento, adoptar relaciones y
estructuras que escapan al sistema capitalista.
Conservando lo fundamental o parte de lo fundamental como sistema
capitalista, ya la estructura del Estado impone normas nuevas de funcionamiento
que no son estrictamente capitalistas. Al contrario, son medidas que atentan
contra el sistema capitalista y hay un proceso de dualidad interna de poderes.
No es un período transitorio que tiene una
política propia y puede avanzar o retroceder, como el bonapartismo (1), sino es
un proceso en el cual existen ya estructuras alcanzadas. El Estado capitalista
se caracteriza por su funcionamiento para la ganancia, para la reproducción del
capital, para la defensa del sistema capitalista. Y reproduce constantemente
los intereses del sistema capitalista. El Estado obrero es el que prepara las
condiciones para el socialismo, es decir, la propiedad estatizada, el
funcionamiento de acuerdo a la propiedad estatizada y en base a la
planificación de la producción, al monopolio del comercio exterior y la
eliminación del interés comercial y del interés de la explotación.
Entre uno y otro se crean situaciones no previstas
en su tiempo por Marx, Engels, Lenin y Trotsky, que no podían preverlas, que es
esta etapa de la historia. A pesar de los déficits de las direcciones de los
Estados obreros y de los Partidos comunistas que no han querido tomar el poder,
la fuerza de la revolución mundial ha permitido sin embargo la existencia de 16
Estados obreros y 10 países más próximos a Estados obreros. Esto crea un entorno
mundial de una gran presión y ascenso de la revolución que influencia a las
capas pequeñoburguesas antes agentes del capitalismo, a capas servidoras del
capitalismo, a instrumentos del capitalismo - no al capitalismo, a servidores
del capitalismo - como es el ejército, la policía,
En estas condiciones se crean unas situaciones que
favorecen el desarrollo de la revolución sin alcanzar a tomar el poder y que ya
no se puede definir como bonapartismo porque no es una lucha de las masas por
el poder, como lo era en
Hay toda
una serie de medidas que toman estos países que no son capitalistas pero que
tampoco construyen el Estado obrero, ni tienen los órganos del Estado obrero,
ni la estructura de Estados obreros, ni funcionamiento como Estados obreros. En
cuanto a medidas económicas y la estructura de la sociedad, ya atentan contra
el sistema capitalista, y en un cotejo entre medidas económicas capitalistas y
de Estado obrero, ganan las de Estado obrero.
¿Cómo definir esta situación? Definirla significa qué política llevar,
qué perspectiva, si contamos con esa fuerza como parte de la revolución mundial
contra el sistema capitalista.
Es por esto que hay que caracterizar tal
situación. Sin dejar de ser Estados capitalistas por su origen o por su
intención, para desarrollarse esos Estados necesitan tomar medidas de cambio de
estructura de la propiedad, de desenvolvimiento y función de la sociedad, como
en Perú con la reforma agraria (2). La
reforma agraria es una medida anticapitalista: los objetivos son para crear un
mercado interno pero dañan la base del sistema capitalista que está basado en
la propiedad de la tierra y las finanzas, y eso ha sido expropiado.
¿Cómo definir esa nueva situación en la historia
no prevista por Marx y Engels? Son “Estados revolucionarios” no “Gobiernos
revolucionarios”. Los gobiernos pueden cambiar, pero los “Estados
revolucionarios” no cambian porque ya son Estados que han alcanzado una estructura
de propiedad, de funcionamiento, de relaciones interiores, que, aunque cambien
los gobiernos actuales, tienen que basarse en esa situación. Para volver atrás
deben dar un golpe contrarrevolucionario, porque toman medidas que afectan la
existencia del capitalismo, que no permiten la reproducción del capitalismo.
Sin estar el poder en manos del proletariado, ni sin que sea un gobierno
surgido del proletariado, toman medidas que no permiten la reproducción de la
acumulación del capital para la competencia mundial del sistema capitalista.
Esto no lo pueden hacer, ni en Bolivia, ni en Perú, ni en Ghana, ni en Malí.
Hay que definir tal situación en la historia, así
como la dualidad de poderes, para ver qué perspectivas darnos, y contar con
eso. Definirla de acuerdo a la situación objetiva y su perspectiva. Definirla,
significa contar con ese proceso para basarse en él, para la estrategia mundial
de la revolución.
Este es un proceso mundial de dualidad de poderes.
Surgen estos Estados revolucionarios, como una consecuencia de la dualidad de
poderes. No surgen como una ocasión de uno u otro país. Es un proceso mundial
en el cual hay 16 Estados obreros, 10 países más próximos a Estados obreros,
Francia e Italia (3) próximos a la toma del poder y un proceso de crisis y
dualidad de poderes constante y cambiante, toda América Latina en revuelta o en
revolución. Pero fuera de Italia y de Francia, ninguna de las demás revoluciones
están dirigidas por los Partidos comunistas sino por movimientos nacionalistas,
frente a los que los Partidos comunistas estuvieron en contra.
Son movimientos surgidos del régimen capitalista y
que hasta ayer eran sostenes del sistema capitalista. En cambio, hoy permiten y
favorecen el desarrollo de las fuerzas revolucionarias, porque permiten a los
Estados obreros influir sobre ellos, muestran que la vía del desarrollo es la
de los Estados obreros, es decir: la economía planificada, la eliminación de la
propiedad privada y el uso privado de la propiedad o de la gran empresa.
No es una nueva forma de Estado sino una forma de
transición entre el Estado capitalista y el Estado obrero. Es la forma que
adquiere la dualidad de poderes en estos países. Pero es una forma de dualidad
de poderes en la cual no existe el poder proletario. Son direcciones de origen
capitalista, que se las puede influenciar. Al calificarlas como Estados
revolucionarios, significa que alcanzaron una estructura de la propiedad, de la
economía, de desarrollo y del funcionamiento de la economía que ya no pueden
volver atrás, que ya no pueden servir de acumulación para la producción y
extensión del sistema capitalista. Es una forma parcial de desintegración del
sistema capitalista producto de esta etapa de la historia en la que los Estados
obreros, los Partidos comunistas no han querido tomar el poder y en la que el
sistema capitalista no tiene fuerzas para sostenerse, lo que permite entonces,
que se dé este proceso.
Por eso esta calificación nuestra de “Estado
revolucionario”. No bonapartismo, ni dualidad de poderes solamente, sino que el
“Estado revolucionario” surge de este proceso mundial de dualidad de poderes.
Significa, un Estado que proponiéndose conservarse en el terreno de la
ganancia, de la acumulación del capital, de la reproducción del interés
privado, tiene que estructurar la economía, de forma que no permite la
reproducción del capital concentrado, sino mínimamente, de manera que no
permite competir con el resto del sistema capitalista, que no crea nuevas
capas, nuevos sectores de la clase burguesa, y que, en cambio, estimula y
desarrolla tendencias hacia la estatización, la socialización. Tienen que tomar
como ejemplos a los Estados obreros.
Por eso, nuestra calificación de Estados
revolucionarios. Política y organizativamente es necesario hacerlo así, para
entonces basarse en las perspectivas. Ni la burocracia permitió tomar el poder,
ni el capitalismo puede sostener el poder. Entonces, se da este proceso. Pero
la revolución progresa y los 16 Estados obreros pesan sobre estos países. No
son “Gobiernos revolucionarios” sino “Estados revolucionarios”. Significa que
la estructura de esos países, las relaciones económicas y sociales, aún en
manos del sistema capitalista, aún funcionando como sistema capitalista, no
permite la reproducción ampliada, concentrada del capital. En consecuencia, no
ayudan al desenvolvimiento del capitalismo, sino sirven para su desintegración
y estimulan las salidas revolucionarias socialistas. Es una consecuencia de esta
etapa de la historia con la existencia de 16 Estados obreros y 10 países más
próximos a serlos, con la existencia de la revolución en el resto del mundo, en
América Latina, África y Asía, la derrota del imperialismo yanqui en Vietnam,
que se ve enterrado y impotente para poder aplastar las luchas de las masas en
Vietnam.
En estas circunstancias, al no tomarse el poder,
al haber en el mundo un gigantesco proceso de dualidad de poderes, en el cual
las masas disputan al capitalismo el poder en cualquier parte, surge esta
situación en la que países capitalistas, sin ser dirigidos por partidos obreros,
por los sindicatos, o por Partidos comunistas, se animan a tomar medidas para
desarrollar esos países, para resolver los problemas de la economía, del
progreso de esos países, que afectan la estructura del sistema capitalista. Y
toman formas y estructuras que no permiten la reproducción del sistema
capitalista.
El “Estado
revolucionario” no anula todavía el hecho de que es un Estado capitalista, pero
sí facilita la acción hacía el Estado obrero. Es una etapa de transición acentuada.
Etapa de transición, no dualidad de poderes, porque la dualidad de poderes es
distinta del “Estado revolucionario”. La dualidad de poderes significa la
disputa del poder sin haber alcanzado todavía a dominar parte de la propiedad,
sin haber alcanzado a dirigir parte de la sociedad.
En cambio, en el Estado revolucionario, sí. Hay
una estructura económica en la que el desenvolvimiento ya no es a favor del
sistema capitalista, sin haber la dualidad de poderes, y sin estar todavía el
proletariado en el poder. Caracterizamos así este proceso de la historia, que
permite, comprendiéndolo, basarse en la perspectiva del desarrollo
revolucionario de estos países a corto plazo.
Por eso no ha habido ningún desarrollo importante
de la contrarrevolución en ninguno de estos Estados revolucionarios, como en
Malí, o mismo en Indonesia. Ahí donde han dado golpes militares queriendo
volver atrás, no han podido retroceder mucho. Es basándose en esta calificación
científica que podemos prever el paso de estos países hacia el Estado obrero.
Esta etapa de “Estado revolucionario” es una etapa de transición corta de
Estado capitalista hacia Estado obrero. Damos esta calificación a esta etapa de
transición, porque no está motivada por la disputa del poder del proletariado
contra el capitalismo, por la lucha revolucionaria de los sindicatos, del
partido. No es una dualidad de poderes derivada de la lucha revolucionaria de
las masas, sino motivada por fuerzas de origen capitalista, servidoras de la
estructura capitalista que se le dan vuelta y obran en función de estructuras
de desarrollo económico que afectan, que van contra el sistema capitalista. Es
una condición nueva en la historia que facilita el desarrollo de la revolución.
Esto significa también la disgregación de la clase
dominante, de la burguesía. Normalmente toda revolución – es natural –
disgrega, desanima, decepciona, crea
sentimientos pesimistas y derrotistas a la clase dirigente. Entonces, la
disgrega, la hace apartar de las luchas, hace que no encuentre capacidad de
ideas, de creación, de unificación de las fuerzas de toda la burguesía para
enfrentar la revolución. Enfrentan la revolución, pero no encuentran ideas. Le
quita a la burguesía el respaldo social, porque las capas pequeño burguesas se
disgregan, lo que hace que se sienta aislada, dependiente de sus órganos de
represión. Pero, en esta etapa, los órganos de represión son ganados antes del
triunfo de la revolución, y sirven para preparar la revolución, como el ejército
de Perú, de Bolivia, de Ghana, de varios países en África, Asia y América
Latina. La burguesía ve acortado su sostén y los órganos que estaban dedicados
a sostenerla se dan vuelta contra ella. No por efecto de los Partidos
comunistas y de la lucha de las masas de esos países – que como en Perú no hubo
luchas y donde el Partido Comunista estuvo en contra y ,durante un año, calificó
de “gorila” al gobierno de Velasco Alvarado – sino por efecto mundial de la
revolución. La forma en que se expresa y obra la potencia mundial de la
revolución tiene efectos revolucionarios en todos los países del mundo. Y es lo
que permite que se den fenómenos de esta naturaleza.
No son fenómenos que contradicen, niegan o alteran
la calificación del carácter del Estado de Lenin, sino que precisan una etapa
del desenvolvimiento del Estado, en el que las fuerzas en desarrollo de la
revolución mundial impulsan a tomar el poder y no hay la dirección
revolucionaria consciente para tomar el poder. Son órganos surgidos del régimen
capitalista, órganos burgueses, instituciones burgueses como el ejército, los
que están al frente en esos países de esta etapa de la revolución. Por eso se
crea tal situación de Estado revolucionario. El Estado revolucionario como
concepto histórico general, señala una etapa de transición entre el Estado
capitalista y el Estado obrero. Es un desenvolvimiento del Estado que facilita
el progreso de la revolución, ahí donde no hay las fuerzas organizadas del
proletariado para tomar el poder. Allí donde el proletariado puede tomar el
poder, no hay un proceso de Estado revolucionario. Hay un proceso de dualidades
de poderes en el que se disputa el poder entre las masas y la burguesía.
Etapa de transición entre Estado capitalista y Estado
obrero
El Estado revolucionario es un hecho nuevo en la
historia, por eso no lo explican ni Lenin, ni Trotsky. No es bonapartismo, ni
Estado obrero. El Estado revolucionario ejerce otra función. Es una superación
del bonapartismo. El bonapartismo es una situación incierta, insegura. El
Estado revolucionario, no. El Estado revolucionario va para adelante, en
ascenso continuo. Además, es una dirección que no es convencida después, sino
de entrada. Eso ya no es bonapartismo. No se trata de una dualidad de fuerzas,
sino que es la influencia de 16 Estados obreros y del curso actual de la
revolución mundial.
Todos éstos son hechos nuevos en la historia. Ni
los comunistas, ni ninguna otra corriente ha podido comprender estos hechos
porque no se han preparado ni han sido capaces de dominar el marxismo y no han
tenido confianza en el proceso. Lenin encaró fenómenos nuevos en la historia, y
nosotros también. Cuando nosotros calificamos el Estado revolucionario cubano
como Estado obrero “sui generis” (4). Nosotros guiamos la conclusión
política por esa caracterización.
Cuando no hay la calificación exacta, no puede
haber la política correcta. Por eso, hay que hacer una calificación exacta y
científica. ¿Porqué es científica la calificación de “Estado Revolucionario”?
No hay muchas formas de estructura de Estado: está el Estado capitalista, y el
Estado obrero. Entre el Estado capitalista y el Estado obrero hay Estados
intermedios. En una época de la historia era el Estado “bonapartista”. Hoy ya
no puede haber Estado bonapartista porque hay 16 Estados obreros y la presión
de la revolución es inmensa. De modo que cualquier movimiento que toma la forma
de la revolución, termina siendo ganado. ¿Por ejemplo, lo que está haciendo Velasco
Alvarado, es o no es revolucionario? Es revolucionario en relación al sistema
capitalista. Hay una transformación en el funcionamiento del Estado, por eso es
un “Estado revolucionario”.
Este fenómeno del “Estado revolucionario”, que son
situaciones nuevas en la historia, puede tender a confundir cuando no hay una
comprensión marxista, ni la facilidad de una comprensión marxista. Es una
expresión de cómo la relación de fuerzas de la revolución se expresa en forma
indefinida y muy variada. El problema es comprender la estructura interior del
proceso para calificar las fuerzas que puedan surgir de ahí para poder
utilizarlas. Una cosa es Estado revolucionario y otra gobierno nacionalista. En
el gobierno nacionalista, puede haber una lucha interior que paralice, vuelva
atrás, contenga o no comprenda, el proceso abierto. En cambio, el Estado
revolucionario tiene una cierta estructura alcanzada de medidas económicas y sociales
que son anticapitalistas y, por lo tanto, cualquier gobierno que venga tiene
que estar sujeto a esa relación existente. Para derribar esa estructura
alcanzada, quien se lo proponga tiene que llevar una lucha
contrarrevolucionaria y enfrentar la movilización de las masas. Mientras, que
un gobierno nacionalista, en caso de ser derrocado, no siempre encuentra la
movilización de las masas. En el caso de Estado revolucionario, se movilizan
porque ya han visto lo progresivo que es. Es importante la severidad científica
en la calificación. No repetir las calificaciones sino calificar de acuerdo a
esta etapa del proceso que no es igual a cualquier otra. Por ejemplo, Trotsky
no esperaba la regeneración parcial del Estado obrero, y hoy existe una real
regeneración parcial.
Este proceso es resultado de la existencia de 16
Estados obreros, de 10 países que están cerca de ser Estados obreros, el peso
muy grande de la revolución y el proceso de dualidad de poderes acentuado en
Francia, Italia, Inglaterra. Eso es la fuerza que se expresa en los Estados
revolucionarios. No es transformación del carácter de clase burgués del Estado,
pero, aún conservando el carácter de Estado burgués, le quita fuerza, base y
parte de su estructura; y esta parte de estructura va a medidas
anticapitalistas o a medidas que no son dominadas por el capitalismo. Esto
acentúa y estimula a ir más adelante; por eso, es un Estado revolucionario. No
daña nada el concepto de que es todavía un Estado capitalista,. No es una nueva
forma de Estado entre el Estado capitalista y el Estado obrero sino una forma
peculiar del proceso de transición entre el Estado capitalista y el Estado
obrero.
Entre el capitalismo y el socialismo hay una etapa
de transición que es el Estado obrero. En algunos países, entre el Estado
capitalista y el Estado obrero hay una etapa de transición que es el Estado
revolucionario. No es simplemente una dualidad de poderes porque la dualidad de
poderes puede volver atrás.
Las direcciones de los Estados revolucionarios son
débiles, no tienen la capacidad teórica, ni la comprensión marxista, ni la
resolución del progreso socialista. Son impulsadas, y atraídas por una
degradación social del sistema capitalista, por la comprensión del estado de
miseria en que viven las masas y el miedo a consecuencias más graves. Son
impulsadas a querer contener una desintegración de la sociedad capitalista. En
la propia marcha son impulsadas a la desconfianza en el sistema capitalista, en
la dirección política capitalista. Sienten que no pueden encontrar respuesta a
los problemas del país con medidas capitalistas y buscan otras medidas. Pero al
buscarlas, ¿qué encuentran? Encuentran medidas socialistas, medidas de Estado
obrero. No tienen ni la comprensión marxista ni la intención revolucionaria de
construir el Estado obrero y el socialismo; pero sí, tienen la intención
revolucionaria de superar la apatía y la barbarie capitalista. Son arrastradas
a medidas que las conducen a Estados revolucionarios. Por eso, después, la
mayoría o muchas de ellas, son ganadas a la revolución.
Esas son revoluciones nacionalistas de origen
burgués pero toman medidas, actitudes, posiciones, que van eliminando el
sistema capitalista. No abandonan su carácter de clase burgués y nosotros no
decimos que deja de ser burgués. Al llamarle “Estado revolucionario”, lo
hacemos porque parte del Estado capitalista, de la revolución nacionalista
hacia el Estado obrero. No decimos que es un Estado obrero. Como la revolución
nacionalista, no decimos que es revolución socialista. No le damos un carácter
de Estado de clase proletaria. Le damos el nombre de Estado revolucionario,
porque toma medidas revolucionarias, no en forma accidental u ocasional sino en
forma global, lo que va transformando la función del Estado.
El Estado
revolucionario es un problema de esta etapa que no cambia la característica del
Estado ni le da un carácter de clase distinto. Es un Estado capitalista, que
toma medidas que con ellas va negándose a sí mismo. Por eso, decimos “Estado
revolucionario” y no “Estado revolucionario socialista”, porque entonces sería
una transformación cualitativa de clase del Estado. Es un Estado, no un
gobierno.
Esta calificación es para explicar fenómenos de
esta época que permita adecuar la política hacia esos Estados. ¿Cuál debe ser
nuestra política? Hay que tener en cuenta que ya no es posible un gobierno
bonapartista que le da al Estado un carácter bonapartista. El bonapartismo es
efímero y hoy no puede tener ningún período de duración porque la existencia de
16 Estados obreros y el ajuste final de cuentas (5) impiden que hayan etapas de
transición prolongadas.
Los más clásicos son Libia y Yemen del Sur. No son
Estados obreros todavía: son revolucionarios nacionalistas que avanzan hacia
Estados obreros. Son Estados revolucionarios. Esa es la fisonomía del carácter
de esos Estados y toman medidas estatales muy grandes.
Entre la defensa del interés capitalista y el
interés anticapitalista, se inclinan por las medidas anticapitalistas. Las
medidas que acaba de hacer el gobierno peruano para crear un mercado interno
son medidas que suprimen al capitalismo. Perú es un Estado revolucionario.
Perón, en Argentina, nunca alcanzó este Estado. Nosotros no decimos nunca
“Estado revolucionario socialista”sino “Estado revolucionario”, “revolución
nacionalista” o “nacionalismo revolucionario”. Son caracterizaciones precisas
para permitir nuestra intervención, señalando las tareas a llevar hacia esos
movimientos.
No es bonapartismo. El Estado con gobierno
bonapartista en parte ya dejaba de ser Estado capitalista, sin dejar de serlo.
Eso era una explicación de los fenómenos de aquella época; si bien sigue siendo
un problema de esta época ya la existencia de 16 Estados Obreros no permite un
equilibrio y estabilidad de un Estado bonapartista. Tiene que oscilar en la
forma de calidad histórica, que es el Estado revolucionario, que toma medidas
que afectan al sistema capitalista. El gobierno bonapartista daba al Estado el
carácter bonapartista; pero sólo hay Estado proletario y Estado burgués. No hay
otra forma.
Perú es más próximo a un Estado obrero que a un
Estado capitalista. ¿Cómo definirlo? Es una etapa de transición que no tiene la
fisonomía original del Estado capitalista. Es un Estado revolucionario. No es
un gobierno revolucionario sino un Estado que ya tiene estructura
revolucionaria mucho más próxima al Estado obrero que al Estado capitalista. No
pierde la naturaleza de su existencia que es la de Estado capitalista. No se
trata del gobierno, es una estructura alcanzada. Cualquiera que tome el poder,
tiene que partir de esa estructura. Por eso la necesidad de comprender los
fenómenos de esta época y, de ahí, la necesidad de la calificación científica
de dichos fenómenos.
En Polonia, el 80 por ciento de la producción
agraria es privada y, sin embargo, es un Estado obrero. ¿Porqué lo caracterizamos
como Estado obrero aunque exista, todavía, propiedad privada? Porque lo
fundamental responde al Estado obrero. En cambio, en estos países, lo
fundamental es capitalista pero toman medidas que van eliminando al
capitalismo. Entonces hay que dar una impresión dinámica de este proceso para
poder intervenir. No es ya el gobierno, sino el Estado mismo, la estructura del
Estado, la que va cambiando. No cambia la calidad histórica todavía pero, sí,
es una fase de aproximación que permite intervenir, comprender, para
intervenir. Es una imagen de eso. No es socialista, es revolucionario.
Esta es una nueva fase de la historia de la
revolución política, de la revolución socialista. Es una de las fases de este
proceso de elevación que, por la relación de fuerzas favorables a la revolución,
da como resultado un proceso muy sólido y numeroso de Estados revolucionarios,
que son Estados de transición entre el Estado capitalista y el Estado obrero.
Sin ser una nueva etapa en la historia, es una
nueva forma del proceso de la historia. No cambia el curso de la historia, pero
sí la forma en que se presenta. No inaugura un Estado nuevo. No es una nueva
forma de Estado, pero sí es una forma en la que ya los gobiernos que se suceden
no pueden cambiar ni retroceder sino que ya el Estado adquiere cierto peso,
cierto volumen y estructura favorable al Estado obrero de forma que ya no puede
volver para atrás. Quien viene está prisionero de ese proceso.
Es una etapa de la historia de la revolución. No
es un aspecto sino una etapa, en la que las formas son inmensamente favorables
a la revolución. Nuestra comprensión teórica nos permite intervenir, no
confundirnos y tomar ese proceso como una nueva forma de Estado pero tampoco
dejamos de ver que ya no es el Estado anterior. Son procesos nuevos de la
historia en los que hay que intervenir con todas nuestras fuerzas.
Estados revolucionarios
es porque las fuerzas no emanan solamente de estos Estados revolucionarios sino
que están expresando una fuerza mundial que está en Norteamérica, en Francia,
en Alemania, etc. Es el resultado combinado del ascenso revolucionario de las
masas de los países capitalistas, del desarrollo de la revolución política en
los Estados obreros y de la declinación
de la confianza en sí mismo del sistema capitalista - no de la burguesía, del
sistema capitalista - que hace que Willy Brandt haga tal política (6) para permitir sobrevivir al capitalismo. Que Nixon,
para poder sostenerse, tenga que retroceder, retroceder, retroceder. Ya no es
el capitalismo el que determina el curso de la historia y de la política. El
capitalismo, indudablemente, va a hacer la guerra atómica, pero no la va a
determinar. Tiene que pensar así
porque no tiene otra manera de pensar. Ordena su voluntad así porque existe el
proletariado que, con su concentración de clase, ordena la voluntad de la
humanidad.
El proletariado ordena la voluntad de la humanidad
con la disciplina. Por eso el proletariado no teme los errores. No los teme
porque no los hace por incapacidad, insuficiencia o mala intención sino por ingenuidad,
falta de experiencia o porque tiene que entrar en combate sin estar preparado.
Se puede rehuir, se puede eludir el
combate cuando es conveniente pero no siempre se puede hacer. Cuando se golpea,
no se puede elegir cómo pelear, hay que defenderse y hay que prepararse para
pasar a la ofensiva.
El mismo criterio que tenemos para definir “Estado
revolucionario”, como parte de este proceso del reencuentro histórico (7), lo
usamos para definir el proceso “del Nacionalismo al Estado obrero” (8). Nuestra
capacidad histórica de poder calificar este proceso de regeneración parcial de
los Estados obreros es la misma con la que sabemos movilizar otras fuerzas porque
lo concebimos como un proceso único, de Frente Unico Mundial inconsciente que
va hacia la consciencia. No es porque nosotros aprovechamos una situación sino
porque comprendemos que así es el proceso y que ellos están obligados a avanzar
en esa línea. Por eso, el reencuentro histórico entre Estados obreros, partidos
comunistas y IV Internacional, y por esto también la regeneración parcial (9) de
los Estados obreros y de los partidos comunistas.
La importancia histórica de los siete primeros años de
vida soviética en
La burocracia soviética y la burocracia de los
Partidos Comunistas rehuyeron y rehuyen ser un centro dirigente de la
revolución. Sin embargo, toda revolución, en cuanto crece un poco, se hace comunista
a pesar de que las direcciones no quieren que sea comunista. Pero, se hace
comunista, porque no tiene otra razón, no tiene otro vehículo de la historia,
no tiene otro camino. No se puede inventar otra revolución que no sea
comunista. No se puede inventar otro objetivo de la humanidad que no sea el
objetivo comunista.
La revolución puede tener un carácter
nacionalista, puede tener carácter socialista mezclado, pero el progreso de la
revolución, la instauración del progreso para sobrepasar las condiciones de las
que parte, que es el sistema capitalista, tiene que ser el carácter socialista.
Ya las formas establecidas que son 16 Estados obreros indican que todo progreso
tiene una forma y estructura que no se puede eludir.
Hay revoluciones nacionalistas que en su punto de
partida no alcanzan todavía el estadio socialista pero toman medidas que ya
niegan una parte esencial del sistema capitalista. Eso es producto de que hay
16 Estados obreros, de que hay 10 Estados prontos a ser Estados obreros y de que
en los principales países capitalistas del mundo, o el proletariado está pronto
a tomar el poder, o bien disputando el poder, o bien impidiendo al capitalismo
que emplee su fuerza económica y militar, como el proletariado inglés y alemán.
Sin el proletariado inglés y alemán, la burguesía
alemana e inglesa utilizaría la fuerza militar y financiera en forma mucho más
concentrada para la contrarrevolución. El proletariado impide a las burguesías
que lo hagan. Lo mismo el proletariado de América Latina y de África. Esa es la
centralización. Por eso, el mundo va a una síntesis. Son fuerzas que parten,
que se desenvuelven en distintos centros del mundo, que van a un objetivo,
inconsciente en unos y consciente en nosotros. El objetivo es: superar el grado
de atraso de la humanidad, rebelarse contra la opresión y la represión. Por
eso, es la época de la inteligencia y de la razón.
Así, como la burocracia soviética ha despilfarrado
las fuerzas de la revolución, ha renegado del marxismo, ha despilfarrado la
potencia económica social y militar del Estado obrero, ahora se ve obligada a
tratar de recuperar lo que perdió. No por vía revolucionaria sino por vía del
aprovechamiento de la destrucción y de la desintegración del sistema
capitalista. La burocracia quiere reglamentar este proceso pero lo único que
está reglamentado es su propia desaparición. No puede reglamentarlo. La
intervención en Medio Oriente es para eso. No puede estar contra la
intervención imperialista, pero quiere reglamentarla. Antes, entregaba Medio
Oriente, ahora quiere reglamentar, pero eso no es favorable al capitalismo sino
al ascenso de la revolución.
En este proceso se suceden una serie de
acontecimientos de evolución y de desarrollo de la revolución en los países que
antes eran semicoloniales y coloniales. Avanzan y progresan en el camino de la
construcción de medidas que van al Estado obrero sin la capacidad social, ni la
fuerza social, ni la estructura necesaria para alcanzar ese estadio; pero
avanzan hacia eso. Tienen sentimiento comunista, resolución comunista, pero no
tienen el instrumento comunista. Todos ellos tienen de común un nivel: no
confían en la capacidad de desarrollo de la potencia creadora de las masas.
Confían en los aparatos y en sí mismos. Confían en los jefes, en los intelectuales,
en los administradores. No confían en la capacidad creadora de las masas.
Son todavía el resultado inconsciente de una
necesidad de la historia. No han tenido la oportunidad o no han creído
necesario y no han tenido la preocupación de estudiar la historia de
La economía no es lo que construye la historia, es
totalmente falso eso. La economía es el medio para construir la historia. Sin
la intervención de las masas no habría construcción del socialismo. Porque la
economía es la base de la humanidad, es cierto, pero ya la base está resuelta.
La humanidad no tiene necesidad de despedazarse para vivir, tiene que
organizarse para vivir. Ya están los medios económicos, las condiciones
económicas, las fuerzas económicas aptas para que la humanidad cese la guerra,
para que cese la disputa para vivir. Ya están las condiciones para la
eliminación del capitalismo y de la burocracia, aunque haya todavía países en
que los pueblos se mueran de hambre.
Es visible que no es el problema de la economía lo
que impide que la humanidad progrese. Lo que impide a la humanidad progresar es
la falta de organización social para utilizar bien la economía. Significa la
necesidad de la intervención de las masas: eliminar el capitalismo, la burocracia,
y en consecuencia también la usurpación, que es lo que hace la burocracia. En
todo este juego las direcciones de esos países no ven la potencia de las masas,
se ven a sí mismas. Y ven a las masas como punto de apoyo, como su sostén. No
ven que son las masas las que sugieren, las que imponen, las que - con su
control e intervención - obligan a pensar, a reflexionar, a aplicar la
justicia, a cesar la prepotencia.
Esta parte de la historia humana, este ciclo,
parte de los siete primeros años de
Si hay hoy 16 Estados Obreros es porque se
hicieron los siete primeros años de
La base de la economía es la plena democracia
soviética. No hay otra forma superior de existencia. En los siete primeros años
de
Los siete primeros años de
Este proceso complejo de la historia es el mismo
que determina que haya Estados revolucionarios, que sin suprimir su origen o su
naturaleza capitalista, dejan de funcionar como un ente efectivamente capitalista.
No por uno u otro gobierno sino porque ya tienen una estructura alcanzada.
Dentro de esa estructura, ya han creado una base social que la sostiene sin que
haya, todavía, la base proletaria fundamental. Por ejemplo Libia, Malí, Congo
Brazzaville.
En estos países es mínimo el peso social del
proletariado en relación a las otras capas de la población pero en el mundo no
es así, en el mundo es mayoría el proletariado. ¿Por qué? Porque hay 16 Estados
obreros que son proletarios con formas organizadas sociales proletarias, que
son las que determinan el curso en Malí, sin las cuales el capitalismo tendría
fuerza para impedir que Malí tome medidas económicas anticapitalistas.
Las direcciones de los Estados revolucionarios
avanzan con la intención de organizar el Estado obrero pero no saben cómo.
Tienen la resolución de hacer frente a todas las dificultades pero no tienen ni
comprensión teórica, ni tradición, ni antecedentes, ni tienen ejemplos en los
que basarse. En cambio, lo que decide y guía el comportamiento de las
direcciones de los Estados revolucionarios son los Estados obreros existentes.
Pero estos no son una guía científica porque ninguno aplica consecuentemente el
marxismo. Aplican el marxismo en la forma más rudimentaria y superficial.
Aunque ahora, por necesidad impuesta por la intervención de las masas, se ven
obligados a prestar más atención al marxismo, pero el marxismo que aplican es
todavía en forma desigual y combinada.
Aplican el marxismo, sea en la economía, sea en la
política, pero no lo aplican como instrumento único. Por eso los nuevos Estados
obreros no tienen en dónde basarse con pruebas de fuerza histórica para
progresar. Y son direcciones que tienen origen burgués nacionalista o católico.
De modo que tienen que adquirir confianza en el instrumento consciente no en
las fuerzas materiales que hay que construir. Para eso necesitan la comprensión
consciente del instrumento, que es el marxismo. Este es el problema de todas
estas direcciones.
Por eso esta época de inteligencia y razón obliga
las nuevas direcciones a acudir a fuentes, a direcciones, a centros que, sin
tener poder efectivo material de Estados obreros, tienen la capacidad histórica
de dar las ideas necesarias que ellos sienten que son imprescindibles para
construir los Estados Obreros. Las direcciones de los nuevos Estados obreros o
Estados revolucionarios ven que los otros no les dan las ideas para
construirlos.
Son Estados que vienen en una etapa de la historia
en que la potencia de
La humanidad se desenvuelve con esa consciencia pero
no tiene instrumentos orgánicos, no tiene partidos, antecedentes, tradición
para hacer eso. Pero, ya tiene esa intención y una comprensión muy general de
ciertas medidas a aplicar por la experiencia hecha: de que las medidas de la
burocracia no sirven y por nuestra intervención. Los nuevos Estados obreros y
revolucionarios son países en los que ni la burocracia soviética, ni los
partidos comunistas, han podido construir previamente centros burocráticos; ni
tampoco la burguesía pudo crear centros intelectuales que transmitiesen la
concepción proteccionista, que dieran lugar después a todo el sentido
burocrático de la revolución.
Las formas burocráticas de la revolución en estos países no tienen similitud con la burocracia de